Lamentablemente, todos nosotros hemos perdido ficheros importantes en alguna ocasión, y las fotos son de las pocas cosas que no se pueden reemplazar en un centro comercial bien abastecido con una tarjeta con suficiente crédito. Recientemente he hablado con una amiga que tiene todas sus fotos atrapadas dentro del disco duro de un portátil muerto, y yo mismo perdí algunas fotos hace año por culpa de un disco Lacie con apenas dos años que se convirtió de golpe en un sonajero USB en mitad de un traslado de datos a un nuevo PC de sobremesa.
No dejes que tus recuerdos se desvanezcan

I got the rhymes and beats… de AndYaDontStop, Flickr
Aunque cada vez hay más herramientas y servicios de recuperación de datos a precios asequibles, lo único que realmente se interpone entre nuestras fotos y la catástrofe es una buena política de copias de seguridad. Escribo por supuesto desde la perspectiva del aficionado y no del profesional, que se juega mucho más y para el que una estrategia de gestión de contenidos digitales integral no es algo opcional. Voy a hablar de lo que hago yo, lo que me funciona y lo que no.
La primera regla del club de la copia de seguridad
Primero, algo obvio pero a menudo olvidado: los datos no existen a menos que estén en al menos dos ubicaciones distintas. Y distintas no son dos carpetas en el mismo disco, ni dos particiones del mismo disco. En realidad, ni siquiera dos discos duros en la misma habitación. Sí sólo tienes tus datos en un sitio, no tienes copia de seguridad.
Aquí toca poner en la balanza el esfuerzo y coste con el valor sentimental y la inversión de tiempo que asignamos a nuestras fotos; si realmente no quieres perder tus fotos, entonces uno de tus discos de copia debería estar situado en otra ubicación y accesible por red, de forma que un incendio o un robo no te despojen tanto de original como de copia. El equilibrio más normal es asegurarse de que en cualquier ausencia más o menos prolongada una de las copias viaje contigo o esté fuera de casa. Si no es así, basta con tener un dispositivo físico de copia, del tipo que sea. Dado que yo funciono con un Mac Book Pro, en mi caso es una Time Capsule de Apple, que guarda una copia de seguridad incremental diaria del disco duro de mi portátil de forma automática a través de la conexión wifi usando Time Machine.
Qué, cómo, con qué frecuencia
A la hora de hacer copia de seguridad hay que pensar en las siguientes cosas:
- ¿Qué es lo que vamos a copiar? La tentación es decir “todo”, y si puedes permitírtelo, adelante. Pero todos sabemos que a poco que uno tenga el disparador de la cámara un poco alegre, las fotos se acumulan, superando rápidamente nuestra capacidad de procesarlas. Y los ficheros RAW son grandes (porque disparáis en RAW, ¿verdad?). Y enseguida estamos comprando discos externos cada vez más grandes, hasta que acabas reservando una esquina del salón para un RAID. Lo cierto es que hay varias formas complementarias de manejar y mitigar esto; una es ser un editor estricto y borrar todas esas fotos que son malas y las que no vas a procesar jamás. La que seguimos los que no conseguimos ser tan duros, es hacer una copia de seguridad del catálogo o catálogos de Lightroom y los ficheros RAW. Los JPEGs pueden volver a obtenerse a partir de esto.
- ¿Cómo? Como he comentado en el apartado anterior, lo mejor es una solución que se ejecute sola, de forma incremental, en segundo plano, y sin intervención por nuestra parte. Usad un disco siempre conectado o de red, o con acceso wifi, programando una copia de carpetas con el administrador de tareas del sistema, o utilizad un software específico como Time Machine, pero no hagáis que esta tarea dependa de que vosotros pulséis un botón o conectéis algo; os encontraréis con cuando lo necesitéis, vuestro backup más reciente será de hace un año. Me ha pasado.
- ¿Con qué frecuencia? Depende de vuestro ritmo de actualización y cambios. Idealmente copia diaria, como poco semanal. Perder las fotos de la última salida es un drama, o la última sesión de proceso. Nuevamente, dependerá de cuánto quieres invertir en espacio de disco, de modo que el número de copias incrementales sea el que necesites y te permita corregir errrores como borrados accidentales de datos.
Ya tengo mis copias, ¿y ahora qué?
Pues toca una tarea más: comprobar que se pueden recuperar los datos de la copia, particularmente si pretendes archivar definitivamente algunas fotos. No sería la primera vez que veo tirar de un backup, y oigo gritos de terror cuando descubren que éste no funciona. No os fieis y haced pruebas, particularmente para cosas importantes.
Sólo tenemos que evitar al guardián y sacar las copias de la cripta…

Wasting Away de country_boy_shane, en Flickr
¿Y qué hay de la nube?
Me agrada que me hagas esa pregunta; lógicamente, guardar tus fotos online es una de las mejores garantías, aunque en este caso yo opto por guardar JPEGs finales, dado que pueden visualizarse fácilmente y ocupan menos que los RAW. Una cuenta Pro de Flickr tiene un precio muy moderado, ofrece almacenamiento ilimitado y las fotos pueden mantenerse ocultas con sólo establecer la visibilidad como privada, sin perjuicio de poder luego publicarlas a voluntad o enviarlas a servicios de impresión.
Otra opción es comprar espacio de almacenamiento en Google y utilizar álbumes de Picasa; en mi caso utilizo ambas cosas, ya que uso Lightroom para procesar, Flickr para publicar la mayoría de fotos y Picasa para clasificar las fotos familiares y compartir fotos con amigos mediante álbumes web. El etiquetado de caras de Picasa es muy útil para localizar fotos familiares, se integra con la agenda de Gmail, y además ahí guardo también fotos recibidas de otros, de la cámara compacta y del teléfono móvil.
Para hacer copias de seguridad del catálogo de Lightroom, esa base de datos donde se guardan todos los ajustes que hacemos a los RAWs, una buena solución es usar una carpeta de Dropbox. En realidad y adquiriendo espacio de almacenamiento, puede ser una opción viable para guardar nuestras copias de seguridad, con la ventaja de que permite sincronizar las carpetas de varios ordenadores, recuperar ficheros borrados y acceder desde cualquier lado a través de la interfaz web.
¿Qué marcas son de fiar?
Tanto yo, como varias personas de mi entorno hemos tenido problemas con discos Lacie como contaba al principio. Iomega también se ha unido a la lista de vetados tras otro sonajero usb con menos de un año tras golpearse accidentalmente y mi problema más reciente, un disco completamente nuevo que venía averiado de fábrica.
El problema con estos fabricantes es que los discos en sí son Samsung, Seagate, Hitachi, más o menos los mismos en todos los casos. Lo que varía enormemente son la calidad de las carcasas, del anclaje y amortiguación de los discos dentro de ellas y de los elementos de alimentación y conexión. Si tu disco se estropea y no es un sonajero USB (el temido “clac clac clac”), siempre puedes probar a abrirlo y conectar el disco duro con un adaptador USB para recuperar los datos.
La marca que me recomiendan con más frecuencia es Western Digital. Hay soluciones más profesionales en forma de carcasas para montar discos en arrays redundantes (los RAID), pero ya cuestan más dinero y compensan si te va algo más en esto. En los artículos que enlazo al final se mencionan.
No me etiquetéis si subís esto a MinoicBook, que mi novia cree que estoy asediando Troya.

Salto sobre el toro de oboulko, en Flickr
Nada vive para siempre
Como veis, hay que invertir tiempo, dinero y esfuerzo en garantizar la supervivencia de nuestras fotos, y aún así cabe preguntarse, ¿durante cuánto tiempo? Los discos externos acabarán muriendo. Los DVDs y CDs se degradarán y se volverán ilegibles. Las fotos impresas amarillearán y se deteriorarán. Los negativos mejor conservados acabarán desintegrándose. Los frutos de nuestra afición y esfuerzos tienen los días contados. Quizá 10 años, quizá un par de cientos, pero nuestras fotos desaparecerán.
Salvo que digitalicemos, compartamos y categoricemos. Nuestra mejor esperanza de que una de nuestras fotos perviva es compartirla. Usando licencias abiertas, formatos estándar. Las fotos en los discos duros están muertas. Seguramente hay miles de fotos sin procesar que no verán la luz en tu propio disco duro. Mándaselas a tu familia, compártelas con los amigos, publícalas, súbelas a la web, licéncialas con Creative Commons, da permiso para que se usen en Wikipedia.
Tu única esperanza de acercarte a ese pintor del fresco minoico de la foto de arriba es o bien grabar tus fotos en piedra en un lugar geológicamente estable, o diseminar tu foto con la esperanza de que se convierta en una imagen icónica y siempre haya una copia en alguna parte.
Más información (en inglés) en: Backing up your photos y Keeping your photos safe whilst travelling.