Follow Your Fantasy Cocktail

Originalmente publicado en NicolaJane:

cocktail

Follow Your Fantasy book launch, cocktail invented by Cesar Viteri, spiked by me….oops.

A Mimosa variant made with grenadine syrup and grapefruit juice.

The stylish cava/champagne provides a sexy punch, while playful grenadine balances the tartness of grapefruit and adds a characteristic pink hue to the drink.

As in the French version of the Mimosa, it is not too alcoholic. We want it to titillate, not make you miss the action at the end of your chosen path.**

1.5 parts grapefruit juice: 0.5 grenadine syrup: 1 champagne.

You can use your sparkling drink of choice, brut cava works well and rosé champagne will reinforce the fruity flavour.

If you’re one of those that get their kicks from champagne, try reversing alcohol/juice proportions. 0.75 grapefruit: 0.25 grenadine: 2 champagne.

Just remember the lines often attributed to Dorothy Parker:

I like to have a martini,

Two at the very most.

After three…

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Cambios cosméticos

Cambios cosméticos

Al despertar, Pilar tuvo una idea genial. Estaba harta de verse igual cada día, así que decidió reinventarse por completo.

Empezó cambiando de origen; siempre deseó ser gaditana. Estudió ingeniería en vez de derecho, se casó más tarde y aquel verano no fue a Tailandia, sino a Australia.

Aumentó su estatura, lo justo para que le sentara mejor esa falda que tanto le gustaba. Y finalmente, tras un momento de duda, engordó dos kilos; estaba mejor con la cara más llenita.

Se admiraba satisfecha cuando su hijo entró en el cuarto, arrastrando su osito de peluche. No dudó ni un segundo antes de darle el beso de buenos días.

Con este microrrelato sobre cambio gané hace 4 años un concurso en mi empresa. Es la primera y única vez por ahora que he ganado algo escribiendo (una consola wii). La imagen es un retrato que le hice a mi mujer, @minimaiko.

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Por qué hago fotos

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Hoy estaba leyendo en Twitter una conversación sobre retratos y fotografía, y he acabado pensando acerca de por qué hago fotos, y sobre todo, retratos.

Empecé a hacer fotos porque no era capaz de producir nada tangible que me hiciera sentir realmente orgulloso en ese momento. Algunos escribís prosa inmortal. Otros bailáis, actuáis, creáis música, dibujáis. Yo admiro eso profundamente, admiro cualquier actividad ejecutada con competencia y habilidad. No me gusta el fútbol, pero me emocionan las jugadas.

Elegí una actividad que juntara arte y ciencia. Óptica, química, diseño, percepción. Eso es la fotografía.

Para mí son muy importantes los momentos que me hacen “estar aquí ahora”. Son muy escasos. Estamos siempre mirando al futuro o analizando el pasado, y son muy raros los momentos en los que estamos de verdad plenamente donde estamos. Me hacen feliz.

Y a eso aspiro, en el fondo. A lograr dominar la técnica y la visión, de forma que esté tan perfectamente ahí que deje de estar. El vacío.

Si ese concepto de “instante de vacío” te ha hecho pensar en el zen, el Tao, la iluminación, entonces entiendes lo que quiero decir.

Y después he tenido que descubrir qué me hace pensar en algo que no sea yo. La gente, la gente infinita y maravillosa. Por eso retrato.

P.D. Este fin de semana, mi abuelo materno, al que no llegué a conocer salvo en los ojos de mi madre y las caras de mis tíos, me miró desde un retrato.

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Un cuento del éter

Permítanme que les hable de mi primo, Otis B. Driftwood. No dejen que el bigotón y esas cejas vivaces les despisten; observen con atención y encontrarán el parecido. Somos primos, primos hermanos.

Otis B. DriftwoodEn nuestra primera foto juntos estamos desnudos y compartimos cama. No estábamos solos; también estaba Quike, pero esa es otra historia y la contaré en otra ocasión. Eramos tres bebés, berreábamos como condenados, y él ya me sacaba los casi 4 meses de ventaja que me sigue llevando. Yo ahora soy más alto que él, pero eso tardó un poco en llegar.

Crecimos juntos, en ciudades separadas. Nos veíamos en veranos y navidades, y los momentos más felices de mi infancia están casi siempre relacionados con la presencia de esa mirada irónica y esa risa cómplice. Pronto se nos unieron nuestros respectivos hermanos, con 4 años de diferencia cada uno, y formamos un grupo. Pero él era mi primo. El de mi edad. Mi mejor amigo.

Mi primo Otis es desde pequeño un tipo sensato, sensible y profundamente inteligente. Más trabajador que yo, más constante que yo, mejor estudiante que yo. Aguantaba como nadie el mal genio, la torpeza social y el egoísmo que yo entonces gastaba con más frecuencia de la deseable. Yo le admiraba y le admiro sin reservas, sin ningún tipo de envidia.

Compartimos miles de horas de juegos. Veíamos juntos en tardes sofocantes sevillanas el Coche Fantástico y el Gran Héroe Americano. En particular, vimos juntos y fascinados el capítulo en que el superhéroe del traje rojo se ve envuelto en un rol en vivo en una universidad. Jugábamos desde siempre a espías y detectives, siguiendo los consejos de unos libritos rojos y azules, y enseguida nos atraparon los libros de Elige tu Propia Aventura; en particular, ese intrigante anuncio de la última página de la caja roja de Dragones y Mazmorras de Dalmau. Y añadimos juntos otra afición que sumar a las pilas de libros, cómics, y juegos de Commodore 64 que compartíamos.

Y entonces, una tarde de verano probablemente, entramos juntos en la juguetería Irigoyen, que estaba en la Plaza Consistorial de Pamplona. Allí, en el segundo piso, el visionario empresario tenía unos cuantos juegos de rol de importación en un momento en que no había apenas juegos traducidos en España y menos aún, gente que supiera de qué iba eso. Estoy seguro de que se arrepentía profundamente de haberlos traído, ya que el precio de venta resultante de importar era alto y los juegos, elegidos al azar en un catálogo, nos resultaban completamente desconocidos. Nos limitábamos a mirarlos una y otra vez cada vez que pasábamos por la tienda, sin decidirnos a comprarlos.

Así era la vida en una ciudad del norte para frikis de provincias.

Esa vez, sin embargo, sacamos el dinero que habíamos juntado y nos llevamos un juego con un aspecto maravilloso. Un juego que nos prometía llevarnos a tiempos y mundos más galantes y civilizados, llenos de aventura e imaginación. Como era sólo un libro y no podíamos tenerlo los dos, lo fotocopiamos entero, y yo me quedé la copia. En aquellos tiempos previos a Internet lo que nos importaba era tener el contenido, el juego, sus reglas, y nos importaba bien poco la edición, aunque como en este caso fuera bastante hermosa, con tapa dura y láminas a color. Otis se lo llevó y el tiempo pasó.

Pasó mucho. Llegamos a la universidad, elegimos la misma carrera… y nuestras vidas empezaron a separarse. Nuestro carácter cambió, nuestros intereses mutaron. Él, que siempre había sido extrovertido y sociable, se volvió más sobrio y reflexivo; yo empecé a pillarle el truco a la interacción social y me convertí en un tipo de extrovertido muy distinto a él. Y pasamos años sin decirnos mucho. Estuvo en mi boda, yo estuve en la defensa de su proyecto. Cuando abandonó Alemania y volvió a España por una temporada se alojó en mi casa mientras buscaba piso. Había afecto, claro, pero no éramos los mismos que fuimos de niños.

En una de esas pocas veces en que nos vimos, encontré en su antiguo cuarto de Sevilla, en una estantería, los antiguos manuales de rol amorosamente conservados. Yo atesoraba una gran colección por aquel entonces, y le comenté que me encantaba ese juego y que ya no se vendía. Y sin un solo momento de duda, lo sacó de la estantería y me lo entregó. Mi primo Otis siempre ha sido así.

La vida, no obstante, tiene el hábito de darte oportunidades de recordar las cosas importantes. En mi caso fue a través de un divorcio agrio y abrupto, con una niña pequeña en medio. Y mi primo se volcó conmigo, me abrió su casa y su corazón mientras yo procedía a desmontarme pieza por pieza y trataba de reconstruirme con una forma que me gustara mirar en el espejo. Y reencontré entre Raving Rabbids de la Wii y pizzas de Sloppy Joe’s al primo con el que compartía mis juegos. Que siempre estuvo allí, soy yo el que olvidó que estaba.

En medio de aquella reducción vital al mínimo, que diría su hermano y también primo mío, Mr. Fanshawe, perdí mi colección de juegos de rol, y con ella todos los libros que muchas personas me habían regalado a lo largo de los años. Poco a poco me di cuenta de que era una de las cosas que más echaba de menos; no porque jugara, no porque no pudiera encontrar o reponer los manuales, sino porque aquella colección suponía una parte importante de mi memoria sentimental.

Mi padre me regaló mi primer juego. Es médico, y viaja con frecuencia al extranjero para asistir a congresos. Nuevamente debido a mi egoísmo adolescente, tardé tiempo en darme cuenta de la muestra de amor enorme que suponía que mi padre se pateara, en sus breves ratos libres de viajes de trabajo, ciudades desconocidas para buscar una tienda de juegos y traerme siempre alguno. Otros los compré yo, durante mis primeros viajes por mi cuenta, como aquellos que compré en Inglaterra o en Noruega, o con el primer dinero que gané, precisamente traduciendo esos juegos con los que aprendí inglés. Otros se los compré a amigos como Javier Albizu, que se engancharon a esta historia por mi culpa. Y otros los compré en Gigamesh, en Barcelona, en el desvío que hicimos expresamente para ir en aquellas primeras vacaciones en la playa que hicimos mis amigos de toda la vida y yo.

Cada libro tenía una historia, una persona a la que echaba de menos y con la que había perdido relación en el momento en que perdí esa colección. Y descubrí que echaba de menos esos libros porque echaba de menos lo que representaban: la amistad y el amor de esas personas. Y que podía eliminar esa sensación de pérdida restableciendo esa relación. No necesito un libro para recordarte si te tengo a ti. Siempre podemos encontrar un nuevo libro que dotar de historia.

Hoy he ido al correo a recoger un paquete que me ha remitido mi primo Otis desde Alemania. Y esto es lo que me he encontrado:

Space 1889

Space 1889 y el Atlas de Conklin de los Mundos

Muchas gracias primo. Por todo. Te quiero.

Y ya no me hace falta el libro para recordarlo.

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Recuperando conversaciones de Whatsapp a partir de los ficheros de Android en OS X

El sábado por la noche, en un arrebato ingenieril-obsesivo me puse a investigar cómo extraer información de los archivos de Whatsapp. Hace poco cambié mi viejo y fiel Samsung Galaxy S SCL i9003 por un Samsung Galaxy S III i9300, ambos con sistema operativo Android.

Androide simpático en el MWC 2012 de Barcelona

Androide simpático en el MWC 2012 de Barcelona

Antes de regalar mi teléfono antiguo, realicé una copia de todos los archivos de la memoria interna y la tarjeta para conservar fotos y archivos. Si bien no tenía interés en trasladar todo el histórico de conversaciones de Whatsapp al teléfono nuevo, sí que quería poder acceder en caso necesario al histórico desde mi ordenador, un Mac Book Pro con OS X Snow Leopard.

Lo primero es identificar dónde se guardan esos archivos y cómo podemos acceder a la información; en el caso de Whatsapp para Android, y si no disponemos de acceso root, estarán en /sdcard/WhatsApp/Databases/msgstore.db.crypt

Lo siguiente es identificar una herramienta que nos permita acceder a la información, y rápidamente encontré Whatsapp Xtract: Backup Messages Extractor / Database Analyzer / Chat-Backup. Esencialmente, es un script en Python que accede a la base de datos, la desencripta y genera un fichero HTML con nuestras conversaciones, que podemos leer o en el que realizar búsquedas. desde la comodidad de nuestro ordenador.

Puesto que el proceso requiere ejecutar un script en Python, necesitaremos instalar unas cuantas cosas en el ordenador, os lo resumo brevemente a partir de las instrucciones detalladas en inglés que tenéis aquí.

  1. Para asegurar que el fichero contiene todas las conversaciones, lo actualizamos, abriendo WhatsApp > [Botón de menú] > Ajustes > Ajustes de chat > Guardar conversaciones.
  2. Copiamos la base de datos de Whatsapp del teléfono al Mac (más sobre esto aquí). En Android estará en /sdcard/WhatsApp/Databases/msgstore.db.crypt 
  3. Extraed el archivo (Whatsapp_Xtract….zip) a una carpeta en tu directorio de usuario. Si mi usuario de Mac es Alberto, podemos llamarla Whatsapp, y estaría en /Users/Alberto/Whatsapp.
  4. Copiamos la base de datos msgstore.db.crypt hemos recuperado del teléfono a la carpeta Whatsapp recién creada. Si copias también la carpeta /sdcard/WhatsApp/Media, el fichero HTML generado enlazará las imágenes, vídeos, audio, etc. que te hayan enviado.
  5. Es necesario instalar Python y la librería PyCrypto para desencriptar la base de datos (instrucciones detalladas en inglés aquí)
    1. Necesitas tener instalado XCode primero. La última versión para Mountain Lion podéis encontrarla gratuitamente en la App Store, pero para Snow Leopard hay que buscarlo en la web de Desarrolladores de Apple. Hay que registrarse, la última versión gratuita es la 3.2.
    2. Podemos obtener la versión 2.7.2 de Python aquí. ¡Ojo, mi OS X tenía instalada la 2.6, y el script sólo funciona correctamente con la 2.7 o superior! Si hay errores, puede ser que estés intentando ejecutarlo con la versión incorrecta, revisa los paths y asegúrate de invocar la versión correcta. Más sobre esto aquí.
    3. Obtenemos la librería PyCrypto aquí. La descomprimimos, abrimos un terminal, nos desplazamos a la ruta donde hemos descomprimido la librería (puedes escribir “cd” y arrastrar la carpeta a la ventana del terminal, la ruta aparecerá escrita y podrás pulsar enter), y ejecutamos los siguientes comandos, introduciendo la contraseña de administrador cuando se nos solicite:
      1. python2.7 setup.py install
      2. python2.7 setup.py build
    4. ¡Estás listo para ejecutar el script!
  6. En un terminal, desplázate a la carpeta Whatsapp que hemos creado antes, que en mi ejemplo está en /Users/Alberto/Whatsapp, y ejecuta el siguiente comando:python2.7 whatsapp_xtract.py msgstore.db.crypt
  7. El fichero generado será un .html con un tamaño ligeramente superior al de la base de datos original (varios megas en mi caso, puede tardar un poco en abrirse en el navegador). ¡Listo! Los contactos estarán identificados por sus números de teléfono, pero eso no debería ser un gran problema.

Espero que os resulte útil. ¡Nos leemos!

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Cómo se hizo: “Donde muere la Castellana”, una larga exposición nocturna en ciudad

Sorpresa, el blog no esta muerto. No hay tiempo para explicaciones, ¡hablemos de fotos!

He comenzado un nuevo proyecto: #52fotos52tuits, creado e impulsado por Asun, @esaotra (blog y twitter). ¿He abandonado el 100 Desconocidos? No, pero decidí sacar todas las fotos en mi barrio, y entre trabajo, sacar fotos a amigos y mal tiempo ha pasado un año con el proyecto metido en la nevera, a la espera de que la primavera aparezca de verdad para retomarlo.

El nuevo proyecto requiere tomar una foto semanal con un tema predeterminado. Esta semana el tema era “mi ciudad“, en mi caso Madrid, y en los comentarios de la foto ha surgido una interesante conversación que creo que merece recogerse en un post, por si a alguien le sirve de referencia.

La foto en cuestión: Donde muere la Castellana #52fotos52tuits #52FTmiciudad

Donde muere la Castellana #52fotos52tuits #52FTmiciudad en Flickr

Donde muere la Castellana #52fotos52tuits #52FTmiciudad en Flickr

Qué: Semana 06/52 del reto #52fotos52tuits. Tema: Mi ciudad.

En la foto podéis ver a la izquierda el hospital Ramón y Cajal, en el centro las 4 torres que conforman el CTBA, el Cuatro Torres Business Área. La carretera es el inicio de mi ruta al trabajo, la concurrida M-607 que lleva a Colmenar Viejo. Está tomada desde el puente que cruza sobre la carretera y que forma parte de la calle Cardenal Herrera Oria.

Mi idea original era sacar el atardecer reflejándose en las fachadas de cristal de las 4 torres, que es una vista espectacular. Calculé la hora dorada (19:45-20:45 más o menos, utilizando la app Photo Tools de Android), pero el sol no acudió a la cita, así que esperé hasta que la luz cambiara, las farolas se encendieran y las torres se iluminaran, optando por una foto de larga exposición que aprovechara el tráfico incesante.

Por qué: Esta vista combina lugares conocidos de Madrid, como el hospital Ramón y Cajal, con una de las nuevas señas de identidad, las 4 torres que se levantan en los terrenos de la antigua ciudad deportiva del Real Madrid, y con una carretera que refleja perfectamente el carácter rápido, agresivo y estresante que con frecuencia tiene la vida en Madrid. Como comentaba mi compañero de proyecto miguel-photo, en el carril derecho hay un coche que realiza una cruzada espectacular. Escogí esta toma entre otras parecidas precisamente por esa línea. Es una maniobra de conducción quintaesencialmente madrileña, parte del caracter de la ciudad, y para mi gusto confiere más personalidad a la foto que las líneas rectas y ordenadas.

Cómo: Aproveché el tiempo de espera probando con diferentes encuadres y exposiciones hasta que la luz me permitió hacer una exposición suficientemente larga: 8 segundos, ƒ/16, ISO 100, distancia focal 21 mm.

Utilicé mi todoterreno, un Sigma 18-200mm f/3.5-6.3. No es la más nítida de mis lentes, tengo un 50mm f/1.4 que utilizo para calle y retratos y un 28mm f/2.8 que utilizo sobre todo para calle. Aquí quería la focal más corta que pudiera para captar una panorámica amplia.

Aunque la lente es más nítida en torno a f/8, utilicé f/16 para tener una buena profundidad de campo, y poder tener más tiempo de exposición, aún había bastante luz pese a lo que parezca. Como indica miguel-photo en los comentarios de la foto, esto tiene el beneficio de generar un efecto de estrella en las luces puntuales.

Disparando desde el puente

Disparando desde el puente

Aparte de eso, utilicé todos los recursos del arsenal para obtener una foto nítida y eliminar fuentes de trepidaciones:

  • Un trípode de exteriores robusto, con niveles de burbuja y bien apoyado. El mío tiene un gancho en el centro que permite colgar por ejemplo una bolsa y darle más peso en el centro, eso le da estabilidad adicional cuando hay viento (como en este caso).
  • Enfoque manual para evitar que la cámara intente reenfocar al disparar.
  • Desactivar el estabilizador de la lente (OS en Sigma, IS en lentes Canon) una vez que tienes la cámara bien estable en el trípode. Si está estabilizada mecánicamente, no aporta mucho y puede introducir vibraciones al tratar de compensar movimientos de las lentes.
  • Utilizar el bloqueo del espejo y un mando a distancia para eliminar la trepidación que genera el movimiento.
  • Prestar atención al entorno. No sólo delante, sino también detrás. Al estar en un puente con tráfico, un autobús que pasa detrás puede generar aire y vibración en el suelo.
  • Como indicaba en los comentarios otro compañero de proyecto, Davidde la Iglesia, en casos como el que describo, en los que estas expuesto a golpes de aire provenientes de una dirección determinada, se puede usar el propio cuerpo para hacer de difusor de ese golpe de viento, colocándose a un metro del trípode apoyado para evitar accidentes.
  • Aparte de eso, procurar que la exposición sea lo más cercana a lo deseado. El postproceso lo hice en Lightroom 4, y aunque la recuperación de sombras y otros cambios que introduce son muy efectivos, no puede evitar introducir algo de ruido digital al manipular. Los retoques incluyen ligeros ajustes de sombras, realzar colores y claridad, y algo de sharpening.

Espero que os guste el resultado, y por supuesto, si tenéis alguna técnica que compartir o comentar, no dudéis en hacer un comentario.

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Estrategias de archivado y copia de seguridad de fotografías

Lamentablemente, todos nosotros hemos perdido ficheros importantes en alguna ocasión, y las fotos son de las pocas cosas que no se pueden reemplazar en un centro comercial bien abastecido con una tarjeta con suficiente crédito. Recientemente he hablado con una amiga que tiene todas sus fotos atrapadas dentro del disco duro de un portátil muerto, y yo mismo perdí algunas fotos hace año por culpa de un disco Lacie con apenas dos años que se convirtió de golpe en un sonajero USB en mitad de un traslado de datos a un nuevo PC de sobremesa.

No dejes que tus recuerdos se desvanezcan
I got the rhymes and beats...
I got the rhymes and beats… de AndYaDontStop, Flickr

Aunque cada vez hay más herramientas y servicios de recuperación de datos a precios asequibles, lo único que realmente se interpone entre nuestras fotos y la catástrofe es una buena política de copias de seguridad. Escribo por supuesto desde la perspectiva del aficionado y no del profesional, que se juega mucho más y para el que una estrategia de gestión de contenidos digitales integral no es algo opcional. Voy a hablar de lo que hago yo, lo que me funciona y lo que no.

La primera regla del club de la copia de seguridad

Primero, algo obvio pero a menudo olvidado: los datos no existen a menos que estén en al menos dos ubicaciones distintas. Y distintas no son dos carpetas en el mismo disco, ni dos particiones del mismo disco. En realidad, ni siquiera dos discos duros en la misma habitación. Sí sólo tienes tus datos en un sitio, no tienes copia de seguridad.

Aquí toca poner en la balanza el esfuerzo y coste con el valor sentimental y la inversión de tiempo que asignamos a nuestras fotos; si realmente no quieres perder tus fotos, entonces uno de tus discos de copia debería estar situado en otra ubicación y accesible por red, de forma que un incendio o un robo no te despojen tanto de original como de copia. El equilibrio más normal es asegurarse de que en cualquier ausencia más o menos prolongada una de las copias viaje contigo o esté fuera de casa. Si no es así, basta con tener un dispositivo físico de copia, del tipo que sea. Dado que yo funciono con un Mac Book Pro, en mi caso es una Time Capsule de Apple, que guarda una copia de seguridad incremental diaria del disco duro de mi portátil de forma automática a través de la conexión wifi usando Time Machine.

Qué, cómo, con qué frecuencia

A la hora de hacer copia de seguridad hay que pensar en las siguientes cosas:

  • ¿Qué es lo que vamos a copiar? La tentación es decir “todo”, y si puedes permitírtelo, adelante. Pero todos sabemos que a poco que uno tenga el disparador de la cámara un poco alegre, las fotos se acumulan, superando rápidamente nuestra capacidad de procesarlas. Y los ficheros RAW son grandes (porque disparáis en RAW, ¿verdad?). Y enseguida estamos comprando discos externos cada vez más grandes, hasta que acabas reservando una esquina del salón para un RAID. Lo cierto es que hay varias formas complementarias de manejar y mitigar esto; una es ser un editor estricto y borrar todas esas fotos que son malas y las que no vas a procesar jamás. La que seguimos los que no conseguimos ser tan duros, es hacer una copia de seguridad del catálogo o catálogos de Lightroom y los ficheros RAW. Los JPEGs pueden volver a obtenerse a partir de esto.
  • ¿Cómo? Como he comentado en el apartado anterior, lo mejor es una solución que se ejecute sola, de forma incremental, en segundo plano, y sin intervención por nuestra parte. Usad un disco siempre conectado o de red, o con acceso wifi, programando una copia de carpetas con el administrador de tareas del sistema, o utilizad un software específico como Time Machine, pero no hagáis que esta tarea dependa de que vosotros pulséis un botón o conectéis algo; os encontraréis con cuando lo necesitéis, vuestro backup más reciente será de hace un año. Me ha pasado.
  • ¿Con qué frecuencia? Depende de vuestro ritmo de actualización y cambios. Idealmente copia diaria, como poco semanal. Perder las fotos de la última salida es un drama, o la última sesión de proceso. Nuevamente, dependerá de cuánto quieres invertir en espacio de disco, de modo que el número de copias incrementales sea el que necesites y te permita corregir errrores como borrados accidentales de datos.

Ya tengo mis copias, ¿y ahora qué?

Pues toca una tarea más: comprobar que se pueden recuperar los datos de la copia, particularmente si pretendes archivar definitivamente algunas fotos. No sería la primera vez que veo tirar de un backup, y oigo gritos de terror cuando descubren que éste no funciona. No os fieis y haced pruebas, particularmente para cosas importantes.

Sólo tenemos que evitar al guardián y sacar las copias de la cripta…
Wasting Away
Wasting Away de country_boy_shane, en Flickr

¿Y qué hay de la nube?

Me agrada que me hagas esa pregunta; lógicamente, guardar tus fotos online es una de las mejores garantías, aunque en este caso yo opto por guardar JPEGs finales, dado que pueden visualizarse fácilmente y ocupan menos que los RAW. Una cuenta Pro de Flickr tiene un precio muy moderado, ofrece almacenamiento ilimitado y las fotos pueden mantenerse ocultas con sólo establecer la visibilidad como privada, sin perjuicio de poder luego publicarlas a voluntad o enviarlas a servicios de impresión.

Otra opción es comprar espacio de almacenamiento en Google y utilizar álbumes de Picasa; en mi caso utilizo ambas cosas, ya que uso Lightroom para procesar, Flickr para publicar la mayoría de fotos y Picasa para clasificar las fotos familiares y compartir fotos con amigos mediante álbumes web. El etiquetado de caras de Picasa es muy útil para localizar fotos familiares, se integra con la agenda de Gmail, y además ahí guardo también fotos recibidas de otros, de la cámara compacta y del teléfono móvil.

Para hacer copias de seguridad del catálogo de Lightroom, esa base de datos donde se guardan todos los ajustes que hacemos a los RAWs, una buena solución es usar una carpeta de Dropbox. En realidad y adquiriendo espacio de almacenamiento, puede ser una opción viable para guardar nuestras copias de seguridad, con la ventaja de que permite sincronizar las carpetas de varios ordenadores, recuperar ficheros borrados y acceder desde cualquier lado a través de la interfaz web.

¿Qué marcas son de fiar?

Tanto yo, como varias personas de mi entorno hemos tenido problemas con discos Lacie como contaba al principio. Iomega también se ha unido a la lista de vetados tras otro sonajero usb con menos de un año tras golpearse accidentalmente y mi problema más reciente, un disco completamente nuevo que venía averiado de fábrica.

El problema con estos fabricantes es que los discos en sí son Samsung, Seagate, Hitachi, más o menos los mismos en todos los casos. Lo que varía enormemente son la calidad de las carcasas, del anclaje y amortiguación de los discos dentro de ellas y de los elementos de alimentación y conexión. Si tu disco se estropea y no es un sonajero USB (el temido “clac clac clac”), siempre puedes probar a abrirlo y conectar el disco duro con un adaptador USB para recuperar los datos.

La marca que me recomiendan con más frecuencia es Western Digital. Hay soluciones más profesionales en forma de carcasas para montar discos en arrays redundantes (los RAID), pero ya cuestan más dinero y compensan si te va algo más en esto. En los artículos que enlazo al final se mencionan.

 No me etiquetéis si subís esto a MinoicBook, que mi novia cree que estoy asediando Troya.
Salto sobre el toro
Salto sobre el toro de oboulko, en Flickr

Nada vive para siempre

Como veis, hay que invertir tiempo, dinero y esfuerzo en garantizar la supervivencia de nuestras fotos, y aún así cabe preguntarse, ¿durante cuánto tiempo? Los discos externos acabarán muriendo. Los DVDs y CDs se degradarán y se volverán ilegibles. Las fotos impresas amarillearán y se deteriorarán. Los negativos mejor conservados acabarán desintegrándose. Los frutos de nuestra afición y esfuerzos tienen los días contados. Quizá 10 años, quizá un par de cientos, pero nuestras fotos desaparecerán.

Salvo que digitalicemos, compartamos y categoricemos. Nuestra mejor esperanza de que una de nuestras fotos perviva es compartirla. Usando licencias abiertas, formatos estándar. Las fotos en los discos duros están muertas. Seguramente hay miles de fotos sin procesar que no verán la luz en tu propio disco duro. Mándaselas a tu familia, compártelas con los amigos, publícalas, súbelas a la web, licéncialas con Creative Commons, da permiso para que se usen en Wikipedia.

Tu única esperanza de acercarte a ese pintor del fresco minoico de la foto de arriba es o bien grabar tus fotos en piedra en un lugar geológicamente estable, o diseminar tu foto con la esperanza de que se convierta en una imagen icónica y siempre haya una copia en alguna parte.

Más información (en inglés) en: Backing up your photos y Keeping your photos safe whilst travelling.

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