Cómo se hizo: la portada de “La aventura del abrigo amarillo”

En uno de esos azares de Twitter que no soy capaz de recordar, encontré en Adela Torres, “Daurmith“, a una de esas personas que se convierten en fijas en tus lecturas diarias, con su mezcla de divulgación científica, literatura y humor absurdo. Como constatamos una tarde entre carcajadas escribiendo al alimón un pequeño relato ornitonoir, “El nugget maltés”, hay gente que aunque no conozcas de nada comparte tu longitud de onda.

Daurmith te lee así

He jugado a menudo con su avatar de Idefix a ese juego tan popular de dejar en tus tuits referencias que esperas que el otro capte, descubriendo con deleite que compartimos muchos referentes literarios. Y descubrí también que una de las muchas cosas que yo desconocía de Daurmith es que es un Idefix con pasado, con una larga trayectoria como bloguera en la red y escritora de relatos.

Una de nuestras referencias literarias compartidas es Sherlock Holmes. Y cuando Daurmith anunció que iba a publicar por entregas un pastiche clásico protagonizado por el detective, me entró la curiosidad. ¿Estaría tan bien escrito como las otras cosas que había leído de ella? ¿Sería un simple fanfic como los miles que hay en la red? ¿Por qué me estaba haciendo preguntas en voz alta?

El caso es que entre unas cosas y otras no leí el relato hasta que no estuvo publicado entero, y me encantó. Escrito con cuidado, cariño y respeto por el material de referencia y con ingenio, lo único que daba pena es que se hiciera tan corto.

Cuando Daurmith decidió editarlo como eBook, quiso prestar la misma atención a todos los detalles, y darle una bonita portada, aunque sólo fuera virtual. Y yo me ofrecí enseguida a colaborar: “tengo un abrigo que podría servir”, dije.

Así que secuestré el galán de noche de @metamaiko, y el abrigo en cuestión, un abrigo de comandante de estado mayor del ejército español que compré prácticamente por impulso un día en el rastro madrileño y que ya he usado para otros menesteres fotográficos.

Selfie a la vuelta de Yprés.

Lo coloqué en una esquina despejada de mi salón, suficientemente separado del fondo para poder desenfocar el gotelé que tanto odio. Al menos la pintura levemente amarilla serviría por una vez a mis propósitos, y saqué varias fotos con un flash rebotado en la pared a la derecha, para iluminar el abrigo en un ángulo de unos 45º. Probé distintos encuadres para aportar por un lado misterio, y por otro dejar espacios para meter el título y los otros elementos necesarios posteriormente.

La foto de portada del Abrigo AmarilloDescarte número 2 del Abrigo AmarilloDescarte número 1 del Abrigo Amarillo

Aunque el abrigo originalmente es verde, lo procesé en Adobe Lightroom 4.3 para alterar el tono de la escena y darle el color amarillento necesario, y utilicé posteriormente onOne Perfect Photo Suite 8 para añadir el tratamiento de daguerrotipo antiguo y dar el acabado final a las imágenes.

Y finalmente, esta es la portada tras pasar por las manos de Vanessa García:

La Aventura del Abrigo Amarillo

“La Aventura del Abrigo Amarillo” puede leerse en el blog de Daurmith, y comprarse por el simbólico precio de un euro y 3 céntimos en Amazon.es. Créanme, vale bastante más que eso y harán muy feliz a su autora. Y a mí, qué diablos. También es un poquito mía ahora.

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Una de mis fotos en el blog de Flickr: The Language of Birds

Mi foto “The Language of Birds” (El idioma de los pájaros) sale en el blog de Flickr, en la anotación sobre el #TwitterTuesday dedicado a los libros :D

The Language of Birds

Esta es una de las fotos que tomé en San Francisco, California, durante el viaje que hicimos el verano pasado. “The Language of Birds” es una instalación artística permanente que puede encontrarse en el cruce de las calles Broadway, Grant y Columbus.

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Comenzando con el flash fuera de cámara – Sesión de fotos con @mapimoreno

Hace un tiempo explicaba por qué hago fotos, y en particular, retratos. A principios de este año 2014 me propuse mejorar en este aspecto, y dedicar más tiempo y esfuerzo a realizar sesiones de fotos para retratar a mis amigos y conocidos.

Uno de los tipos de fotos que me gusta hacer es el retrato en interior. Me llama mucho la atención, y me gusta la sensación de intimidad que se establece entre fotógrafo y modelo en ese ambiente, de modo que uno de los objetivos que establecí para este año es practicar este tipo de retrato.

Lamentablemente, mi equipo y circunstancias de aficionado tienden a alcanzar sus límites rápidamente en esas situaciones. Mi 450D no maneja las ISO altas bien, y las lentes luminosas con las que cuento son focales fijas como un 50mm f1.4 y un 28mm f2.8, que restringen mis encuadres y me obligan a moverme por la habitación, y eso no siempre es posible.

Esto me obliga a planificar las sesiones cuando hay buena luz natural, y aunque mi casa la tiene, está también muy llena de cosas que distraen, el eterno problema de los fondos. Si a eso se añade que mis horarios laborales no me dan mucho margen para aprovechar la luz diurna, tenemos un bonito rompecabezas, que acaba proporcionando fotos con las que te desesperas en postproceso cuando constatas su falta de nitidez o la cantidad de ruido que tienen.

Eso no quiere decir, por supuesto, que no se puedan obtener buenos resultados cuando las circunstancias acompañan, como en el caso de este retrato de la escritora Nicola Jane, @nicolajanewrite

@NicolaJaneWrite

Puesto que mi situación presupuestaria no me permite considerar la compra de un cuerpo que maneje mejor las ISO altas, o de una lente 24-70mm f2.8, decidí atacar el problema de otra manera. Si no dispongo de suficiente luz natural, tendré que aprender a añadir luz artificial de la manera más natural posible. Y sí que dispongo de dos flashes completamente infrautilizados, un Canon 580EX y un 430EXII.

He usado estos flashes hasta ahora sobre todo como flashes en cámara, obteniendo resultados bastante buenos en mi casa haciendo rebotar la luz en paredes y techo o usando difusores y modificadores, y a veces simplemente luz dura y directa. Un ejemplo es este retrato de @mdemolecula

Alma de blues @mdemolecula

No obstante, usar el flash en cámara ofrece también una flexibilidad limitada. Estás pendiente siempre de la presencia de la pared o el techo, en cuanto te mueves tienes que recalibrar toda la exposición. Cuesta centrarse en el modelo y establecer la conexión que hace realmente la foto. Así que decidí que necesitaba sacar el flash de la cámara y adentrarme en el mundo de Strobist.

De entrada cuento con un fondo transportable con fondos blanco y negro, y dos luces fijas con pies y ventanas que me regalaron, y para iniciarme en Strobist he comprado lo imprescindible:

Primero hice un experimento rápido conmigo mismo, como los buenos científicos:

@multimaniaco Strobist

Pero para probar el equipo en serio, necesitaba un conejillo de indias con paciencia para ayudarme, y alisté a mi amiga @mapimoreno para una sesión de fotos.

Durante la sesión utilizamos fundamentalmente el siguiente esquema de iluminación:

Diagrama de iluminación sesión @mapimoreno

Primer problema, hacer que el fondo quede blanco: la tela blanca que venía con el fondo es muy fina y se arruga mucho. Tengo pensado sustituirla por una más pesada o por un estor de Ikea, y en sesiones anteriores he resuelto este problema colocando a la modelo un metro por delante del fondo, para poder desenfocarlo disparando con una apertura grande,  f/2.8 por ejemplo, pero eso limita algunas poses y no termina de resolver el problema en todos los casos.

En este caso lo que hice fue llevarlo a blanco colocando el 430EXII justo detrás de la modelo, en el suelo, en una peana, apuntado contra el fondo. A 1/4 de potencia basta para dejarlo blanco sin que contamine el perfil de la silueta de la modelo, y me permitió disparar la sesión con el 50mm a f/4, lo que me permitió preocuparme menos por mi profundidad de campo y asegurándome unas fotos nítidas. Incluso en el caso de encontrar posteriormente manchas o imperfecciones en el fondo en una imagen, es fácil corregirlas en postproceso en Lightroom con el control de blanco o con un pincel de aumento de exposición.

La luz principal es el 580EX montado en un trípode con la rótula metálica, disparando a través del paraguas traslucido, situado a unos 2 metros de altura y apuntando al rostro de ella. Lo fui colocando a la izquierda, derecha y centro, explorando cómo caía la luz en su rostro, y en ocasiones subiéndolo o bajándolo un poco, usando entre 1/4 y 1/8 de su potencia.

La luz ambiente la proporcionaba una ventana a mi espalda por la que entraba luz natural de la mañana, suave al estar ligeramente nublado y tener la fachada orientación suroeste.

Segundo problema, la velocidad de sincronización con el flash: los disparadores baratos no son tan precisos ni rápidos como los caros, y aunque empecé disparando a la velocidad de sincronización teórica máxima de 1/200 que ofrece mi 450D y que sí he usado sin problema con el flash en cámara, en las primeras fotos aparecieron las barras negras en los bordes de la imagen que delatan la existencia de un problema de sincronización entre obturador y flash. Para trabajar con seguridad, tuve que bajar a 1/125. Este equipo permite fotos muy creativas, pero no voy a ser capaz de congelar agua con él.

Una vez resueltas estas pequeñas dificultades y encontrado el punto adecuado de luz y exposición, pusimos música, sacamos el atrezzo… y estos son los resultados:

Pantone @mapimoreno

Podéis visitar también directamente la galería en Flickr: Galería – @mapimoreno

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Follow Your Fantasy Cocktail

Originalmente publicado en NicolaJane:

cocktail

Follow Your Fantasy book launch, cocktail invented by Cesar Viteri, spiked by me….oops.

A Mimosa variant made with grenadine syrup and grapefruit juice.

The stylish cava/champagne provides a sexy punch, while playful grenadine balances the tartness of grapefruit and adds a characteristic pink hue to the drink.

As in the French version of the Mimosa, it is not too alcoholic. We want it to titillate, not make you miss the action at the end of your chosen path.**

1.5 parts grapefruit juice: 0.5 grenadine syrup: 1 champagne.

You can use your sparkling drink of choice, brut cava works well and rosé champagne will reinforce the fruity flavour.

If you’re one of those that get their kicks from champagne, try reversing alcohol/juice proportions. 0.75 grapefruit: 0.25 grenadine: 2 champagne.

Just remember the lines often attributed to Dorothy Parker:

I like to have a martini,

Two at the very most.

After three…

Ver original 178 palabras más

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Cambios cosméticos

Cambios cosméticos

Al despertar, Pilar tuvo una idea genial. Estaba harta de verse igual cada día, así que decidió reinventarse por completo.

Empezó cambiando de origen; siempre deseó ser gaditana. Estudió ingeniería en vez de derecho, se casó más tarde y aquel verano no fue a Tailandia, sino a Australia.

Aumentó su estatura, lo justo para que le sentara mejor esa falda que tanto le gustaba. Y finalmente, tras un momento de duda, engordó dos kilos; estaba mejor con la cara más llenita.

Se admiraba satisfecha cuando su hijo entró en el cuarto, arrastrando su osito de peluche. No dudó ni un segundo antes de darle el beso de buenos días.

Con este microrrelato sobre cambio gané hace 4 años un concurso en mi empresa. Es la primera y única vez por ahora que he ganado algo escribiendo (una consola wii). La imagen es un retrato que le hice a mi mujer, @minimaiko.

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Por qué hago fotos

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Hoy estaba leyendo en Twitter una conversación sobre retratos y fotografía, y he acabado pensando acerca de por qué hago fotos, y sobre todo, retratos.

Empecé a hacer fotos porque no era capaz de producir nada tangible que me hiciera sentir realmente orgulloso en ese momento. Algunos escribís prosa inmortal. Otros bailáis, actuáis, creáis música, dibujáis. Yo admiro eso profundamente, admiro cualquier actividad ejecutada con competencia y habilidad. No me gusta el fútbol, pero me emocionan las jugadas.

Elegí una actividad que juntara arte y ciencia. Óptica, química, diseño, percepción. Eso es la fotografía.

Para mí son muy importantes los momentos que me hacen “estar aquí ahora”. Son muy escasos. Estamos siempre mirando al futuro o analizando el pasado, y son muy raros los momentos en los que estamos de verdad plenamente donde estamos. Me hacen feliz.

Y a eso aspiro, en el fondo. A lograr dominar la técnica y la visión, de forma que esté tan perfectamente ahí que deje de estar. El vacío.

Si ese concepto de “instante de vacío” te ha hecho pensar en el zen, el Tao, la iluminación, entonces entiendes lo que quiero decir.

Y después he tenido que descubrir qué me hace pensar en algo que no sea yo. La gente, la gente infinita y maravillosa. Por eso retrato.

P.D. Este fin de semana, mi abuelo materno, al que no llegué a conocer salvo en los ojos de mi madre y las caras de mis tíos, me miró desde un retrato.

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Un cuento del éter

Permítanme que les hable de mi primo, Otis B. Driftwood. No dejen que el bigotón y esas cejas vivaces les despisten; observen con atención y encontrarán el parecido. Somos primos, primos hermanos.

Otis B. DriftwoodEn nuestra primera foto juntos estamos desnudos y compartimos cama. No estábamos solos; también estaba Quike, pero esa es otra historia y la contaré en otra ocasión. Eramos tres bebés, berreábamos como condenados, y él ya me sacaba los casi 4 meses de ventaja que me sigue llevando. Yo ahora soy más alto que él, pero eso tardó un poco en llegar.

Crecimos juntos, en ciudades separadas. Nos veíamos en veranos y navidades, y los momentos más felices de mi infancia están casi siempre relacionados con la presencia de esa mirada irónica y esa risa cómplice. Pronto se nos unieron nuestros respectivos hermanos, con 4 años de diferencia cada uno, y formamos un grupo. Pero él era mi primo. El de mi edad. Mi mejor amigo.

Mi primo Otis es desde pequeño un tipo sensato, sensible y profundamente inteligente. Más trabajador que yo, más constante que yo, mejor estudiante que yo. Aguantaba como nadie el mal genio, la torpeza social y el egoísmo que yo entonces gastaba con más frecuencia de la deseable. Yo le admiraba y le admiro sin reservas, sin ningún tipo de envidia.

Compartimos miles de horas de juegos. Veíamos juntos en tardes sofocantes sevillanas el Coche Fantástico y el Gran Héroe Americano. En particular, vimos juntos y fascinados el capítulo en que el superhéroe del traje rojo se ve envuelto en un rol en vivo en una universidad. Jugábamos desde siempre a espías y detectives, siguiendo los consejos de unos libritos rojos y azules, y enseguida nos atraparon los libros de Elige tu Propia Aventura; en particular, ese intrigante anuncio de la última página de la caja roja de Dragones y Mazmorras de Dalmau. Y añadimos juntos otra afición que sumar a las pilas de libros, cómics, y juegos de Commodore 64 que compartíamos.

Y entonces, una tarde de verano probablemente, entramos juntos en la juguetería Irigoyen, que estaba en la Plaza Consistorial de Pamplona. Allí, en el segundo piso, el visionario empresario tenía unos cuantos juegos de rol de importación en un momento en que no había apenas juegos traducidos en España y menos aún, gente que supiera de qué iba eso. Estoy seguro de que se arrepentía profundamente de haberlos traído, ya que el precio de venta resultante de importar era alto y los juegos, elegidos al azar en un catálogo, nos resultaban completamente desconocidos. Nos limitábamos a mirarlos una y otra vez cada vez que pasábamos por la tienda, sin decidirnos a comprarlos.

Así era la vida en una ciudad del norte para frikis de provincias.

Esa vez, sin embargo, sacamos el dinero que habíamos juntado y nos llevamos un juego con un aspecto maravilloso. Un juego que nos prometía llevarnos a tiempos y mundos más galantes y civilizados, llenos de aventura e imaginación. Como era sólo un libro y no podíamos tenerlo los dos, lo fotocopiamos entero, y yo me quedé la copia. En aquellos tiempos previos a Internet lo que nos importaba era tener el contenido, el juego, sus reglas, y nos importaba bien poco la edición, aunque como en este caso fuera bastante hermosa, con tapa dura y láminas a color. Otis se lo llevó y el tiempo pasó.

Pasó mucho. Llegamos a la universidad, elegimos la misma carrera… y nuestras vidas empezaron a separarse. Nuestro carácter cambió, nuestros intereses mutaron. Él, que siempre había sido extrovertido y sociable, se volvió más sobrio y reflexivo; yo empecé a pillarle el truco a la interacción social y me convertí en un tipo de extrovertido muy distinto a él. Y pasamos años sin decirnos mucho. Estuvo en mi boda, yo estuve en la defensa de su proyecto. Cuando abandonó Alemania y volvió a España por una temporada se alojó en mi casa mientras buscaba piso. Había afecto, claro, pero no éramos los mismos que fuimos de niños.

En una de esas pocas veces en que nos vimos, encontré en su antiguo cuarto de Sevilla, en una estantería, los antiguos manuales de rol amorosamente conservados. Yo atesoraba una gran colección por aquel entonces, y le comenté que me encantaba ese juego y que ya no se vendía. Y sin un solo momento de duda, lo sacó de la estantería y me lo entregó. Mi primo Otis siempre ha sido así.

La vida, no obstante, tiene el hábito de darte oportunidades de recordar las cosas importantes. En mi caso fue a través de un divorcio agrio y abrupto, con una niña pequeña en medio. Y mi primo se volcó conmigo, me abrió su casa y su corazón mientras yo procedía a desmontarme pieza por pieza y trataba de reconstruirme con una forma que me gustara mirar en el espejo. Y reencontré entre Raving Rabbids de la Wii y pizzas de Sloppy Joe’s al primo con el que compartía mis juegos. Que siempre estuvo allí, soy yo el que olvidó que estaba.

En medio de aquella reducción vital al mínimo, que diría su hermano y también primo mío, Mr. Fanshawe, perdí mi colección de juegos de rol, y con ella todos los libros que muchas personas me habían regalado a lo largo de los años. Poco a poco me di cuenta de que era una de las cosas que más echaba de menos; no porque jugara, no porque no pudiera encontrar o reponer los manuales, sino porque aquella colección suponía una parte importante de mi memoria sentimental.

Mi padre me regaló mi primer juego. Es médico, y viaja con frecuencia al extranjero para asistir a congresos. Nuevamente debido a mi egoísmo adolescente, tardé tiempo en darme cuenta de la muestra de amor enorme que suponía que mi padre se pateara, en sus breves ratos libres de viajes de trabajo, ciudades desconocidas para buscar una tienda de juegos y traerme siempre alguno. Otros los compré yo, durante mis primeros viajes por mi cuenta, como aquellos que compré en Inglaterra o en Noruega, o con el primer dinero que gané, precisamente traduciendo esos juegos con los que aprendí inglés. Otros se los compré a amigos como Javier Albizu, que se engancharon a esta historia por mi culpa. Y otros los compré en Gigamesh, en Barcelona, en el desvío que hicimos expresamente para ir en aquellas primeras vacaciones en la playa que hicimos mis amigos de toda la vida y yo.

Cada libro tenía una historia, una persona a la que echaba de menos y con la que había perdido relación en el momento en que perdí esa colección. Y descubrí que echaba de menos esos libros porque echaba de menos lo que representaban: la amistad y el amor de esas personas. Y que podía eliminar esa sensación de pérdida restableciendo esa relación. No necesito un libro para recordarte si te tengo a ti. Siempre podemos encontrar un nuevo libro que dotar de historia.

Hoy he ido al correo a recoger un paquete que me ha remitido mi primo Otis desde Alemania. Y esto es lo que me he encontrado:

Space 1889

Space 1889 y el Atlas de Conklin de los Mundos

Muchas gracias primo. Por todo. Te quiero.

Y ya no me hace falta el libro para recordarlo.

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