Lo tengo cada vez más claro: cruzar Despeñaperros y comenzar a vacilarme los camareros es todo uno. Aunque nací en Sevilla, se ve que tengo el norte escrito en la cara. Y ya de vuelta en Madrid, echo de menos esa coña constante.
BSO: Siniestro Total – Diga que le debo
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Es que los chicarrones del norte lo estáis pidiendo a gritos. XDDD
Ya tengo ganas de coger una buena y cantarle esa al camarero a voces.
¿No lo sabías? Los bandoleros de las serranías se reconvirtieron a la hostelería. Fíjate qué patillones de hacha llevan todos los gerentes de sitios así.
Te roban, pero de otro modo. Saben que tienes hambre y sed, y que no hay otro sitio donde ir. Te tienen acorralado y no puedes escapar.
En las noches de luna llena se congregan todos en Casa Pepe, vestidos como el reparto de Curro Jiménez, y salen montados en sus caballos para buscar a algún viajero extraviado al que asaltar con sus trabucos y esas navajas de 7 muelles, que en las cachas llevan escrito Viva mi dueño. Por los viejos tiempos, la tradición familiar y eso.
Imperator: ¿Estás hablando de *ESE* Casa Pepe? (Diossss, qué grima)
Sólo hay un Casa Pepe. Pero Imperator se ha tomado muy literalmente lo de “cruzar Despeñaperros”; creo que César hablaba directamente de meterse en Andalucía, en general.
¡Ojo! “Diga” qué le debo, no “Oiga”. De nada.
Los bandoleros están a ambos lados del desfiladero. Los encuentras en cualquier sentido.
Imperator: en efecto, el sentido era más general. Pero vamos, que también conozco esa sensación de correo gabacho inclinado sobre la silla del caballo con los cojones de corbata que produce cruzar Despeñaperros y parar en Casa Pepe. En este caso fui en el AVE, pero si en el vagón restaurante patrocinado por Cruzcampo el del bar hubiera sacado un trabuco a mitad del viaje, tampoco hubiera enarcado ni una ceja.
Maiko: corregido, gracias